Mi madre debió llamarme
Soledad.
Nombre inmenso como el cielo;
nombre amargo como el mar...
Mi madre debió llamarme
Soledad.
Soledad, porque mi boca
se ha olvidado de besar;
porque las rosas se mustian
sin abrirse en mi rosal,
mi madre debió llamarme
Soledad.
Un ángel negro, a mi vera,
siembra mis huertos de sal,
Jazmín que mi mano toca
no reflorece jamás.
Mi madre debió llamarme
Soledad.
Me llaman con otro nombre
que suena a plata y cristal.
Me llaman, mas no respondo;
pues, en mi lírico afán,
yo se que debí llamarme
Soledad.
Soledad de noche oscura
que presagia tempestad.
Soledad de campo raso
sin un árbol ni un cantar.
Soledad de lo infinito:
Soledad de cielo y mar...
Soledad como la mía:
¡Soledad!
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domingo, 5 de julio de 2009
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